domingo, 7 de noviembre de 2010

D.F. MAZA ZAVALA EN SUS 88




Domingo Felipe Maza Zavala cumplió sus 88 años este 04 de noviembre, pero decidió irse a celebrarlos en otros linderos, donde sus pensamientos y sus versos naveguen en ese territorio de la poesía donde siempre habitó, aunque lo cercaran los espacios cerrados de las oficinas institucionales. Sabemos que en estos días mucho se dirá sobre su obra y su quehacer. Nosotros rescatamos este trabajo, que publicamos en noviembre del 2006, con motivo de sus 84 años, porque en él se condensa para nosotros la verdadera esencia de Domingo Felipe.

Lo dijimos entonces y lo reiteramos ahora: el libro que hiciera con nosotros titulado: Venezuela: historia de una frustración. Habla D.F. Maza Zavala, sigue siendo su libro mayor. Allí en aquellas disquisiciones, en aquel ir y venir por las sendas de una historia-frustración, Domingo Felipe iba abriendo cauces para la investigación, puertas a la imaginación, en la seguridad de que lo conocido y sabido hasta entonces era insuficiente para enfrentar el reto del mundo que nos sobrepasaba.

Tal vez el mejor homenaje que se le pudiera hacer es la relectura de ese libro. Una verdadera síntesis de la historia mundial y un alfabeto de repuestas por construir, por edificar, por consolidar. Allí su corazón de poeta se entremezclaba con el historiador, el economista y el joven que siemrpre vivio en él, anhelante de justicia, libertad y belleza.

De él no nos despedimos, como nunca lo hacemos de las personas a quienes ligan afectos infinitos. Maestro Floricultor de la Cátedra Andante Pío Tamayo, lo saludamos en poesía, en la vibración de ese cordel que se tensa sobre los horizontes buscando siempre el amanecer. ms

07 de noviembre del 2010


DOMINGO FELIPE MAZA ZAVALA
POETA DE LOS SECRETOS DEL BOSQUE






A propósito de sus 84 años y su libro Quinta Estación

a Domingo Felipe Maza Zavala
poeta siempre de la hondura de los pétalos
y la letanía musical de los días sin número
apostados a la orilla
de una ilusión sin término

A veces una palabra, un gesto, un estremecimiento del corazón, puede dar la medida de un hombre, dibujar en tenues líneas su frugal recorrido por los abismos del asombro. Un verso puede dar cuenta de su batalla interior, del silencioso despliegue de sus ansias, en medio de un tiempo cercado.

Y hay que detenerse en ese atrevimiento del espíritu, en ese expediente a la lejanía, en esa militancia con todo aquello que hace florecer la vida. Porque allí anida la esperanza, retoña desapercibido lo que somos, sin que ruido alguno lo suplante. Y hay que iluminarlo para que se proyecte en los espacios cerrados de nuestro propio deambular por predios que no conducen a anclaje alguno.

LA ESTACIÓN DE LA POESÍA

La poesía es entonces el recinto que devela esa quinta estación que agrega imagen y sentido, que abre los portales al tiempo que será. Esa es la magia, el combustible secreto que guarda la palabra, cuando se conjuga sin subjuntivo, más allá de lo que ‘demoran los ritos de la ronda que gira en el perfil del tiempo, renovando la vida para vencer la muerte’. [1]

Y esa es la trayectoria de Domingo Felipe Maza Zavala, el economista, el científico social, el hombre de ideas y pensamientos, el interpretador de números, estadísticas, historia; el crítico sagaz, que logra dimensionar en la totalidad el mínimo resquicio de una realidad diluida en innumerables verdades.

UN SOLO LENGUAJE PARA LA CIENCIA
Y LA POESÍA

Su punto de apoyo, lo que aglutina y recompone, es su don poético, su sentido vital de la existencia, su calidad de observador de los bosques, los pájaros, las flores, y de los manantiales que manan de la devastada vida del hombre sobre este planeta. ¿Será por eso que en sus escritos el lenguaje científico y el poético no se dividen ni escinden, sino que hablan la lengua del hombre?

Todo ser humano lleva en sí esa conjunción que su propia acción ha fragmentado, precisamente para que no pueda reconocerse ni conocer al hermano en cuya sangre, al igual que él, ‘navegan las espumas del sueño, con sus claros perfiles matutinos, en su secreto afán de fecundar la espina’.[1]




EL RITO ELEMENTAL DE
LOS ESPEJOS

Es, como dice el poeta, una historia que comenzó en el verbo, que madura en los trigales, para una resurrección que llegará en la mañana del mundo: ‘Abierta entre los lirios la ruta de los pájaros, / la mañana del mundo multiplica sus colores / en el rito elemental de los espejos, / y en la simple geometría de los planos celestes.’[2]

Y ese es el espejo en el cual se mira el hombre, para poder reconocer en la vastedad de sus pupilas la ingeniería del universo del cual forma parte. Precisamente lo que está roto, quebrado, hecho añicos.

ESCRIBIR LA HISTORIA
EN EL TALLO DEL ÁRBOL

Y éste es Domingo Felipe: ‘Hijo del hombre, de la tierra, del agua, / de la oscura vertiente del metal caído, / de la húmeda soledad de la montaña. / … / Niño frágil como la hierba y el sueño, / doblado al viento y su rumor de hojas, / comunión del canto y la plegaria’, mientras escribe paciente y persistentemente en el tallo del árbol la palabra del ser y busca en sus ramajes la consigna anhelada. [3]

LAS CLAVES DEL FUTURO

Nunca ha cesado su poesía, sólo que le buscó otros cauces. Tenía conciencia de que debía hurgar en la realidad para desentrañar en ella los misiles del desaliento, las fugas de la ternura, los desaciertos de la muerte. Y se dedicó con empeño a atar las coordenadas de los acontecimientos, a recomponer las imágenes fraccionadas.

Y buscó en los números y los rostros, el pasado y los documentos, el desvelo y la inocencia, el mercado y sus leyes, en los terribles designios de un capital acumulado que no redistribuido, en la exacción y la destrucción, los signos, las claves de un futuro incierto, que tiene en este presente un tumulto planetario de tragedias, que dejan al hombre indefenso, soterrado, inmóvil en su miedo de no ser árbol, pájaro, cometa, universo.

UN SOLITARIO QUE AGUARDA
SER ESCUCHADO

Domingo Felipe es, en este sentido, un solitario. Alguien que ha intentando sembrar en la desolación de los desiertos, retoños de alguna hoja que reproduzca los verdes sobre la ausencia de color. Sólo que no hay recolectores, ni quien lea entre las líneas de sus escritos el estallido solar de una entidad que aspira ser, permanecer, en y por una creación colectiva de lo humano. De allí proviene su dualidad, su tristeza, su melancolía, de quien intuye una cosecha que brotará en otras eras.

Sus estudios-investigaciones publicados son muy numerosos y conocidos. Sólo que muchos permitimos que se queden en los anaqueles, en las bibliotecas, en las bibliografías, sin que aún no haya quien las desate en las vorágines poéticas que las hicieron posible. Sólo que no han revelado aún su grado de combustión, en la reconstrucción de una historia que pusieron a andar, sin consentimiento ni autoría del hombre plural que somos.

PODER DESATADO DE CREACIÓN
Y PENSAMIENTO

En la Cátedra ‘Pío Tamayo y el Centro de Estudios de Historia Actual de la UCV, tuvimos el privilegio de hacer un libro con él: Venezuela: historia de una frustración. Habla Domingo Felipe Maza Zavala[4]. Allí, sin las exigencias de árbitros ni limitaciones científicas, sin el orden incisivo de las investigaciones, se desató su poder de creación y pensamiento, de poesía y predicción, y trazó lo que consideramos son las grandes líneas maestras de todo su hacer.

Ese libro, de escasa lectura, en un ex-país extraño a sí mismo, es síntesis y revisión del acontecer del hombre en el tiempo. Deja vertientes gigantescas para navegar en ellas, con una sólida brújula fabricada con troncos de árboles milenarios y el aroma de frutas recién recogidas.

Dice y predice, interpreta y reinterpreta, desordena y pone de nuevo las cosas en su lugar, interroga, exclama, protesta, afirma con contundencia, analiza, expone, vuelve, y se dispara hacia mañanas siderales. No agota, abre surcos, suelta sin amarras su imaginación científica, su visión poética, su condición humanística.

UN DESCONOCIDO E IGNORADO

Domingo Felipe Maza Zavala es un hombre ignorado, desconocido en este territorio y tal vez más allá, en sus verdaderos y subversivos contenidos. Aunque su nombre aparezca en todos los índices y sea consultado y citado en todo este continente y mucho más allá. Sigue siendo una entidad subutilizada o utilizada, sin que en su interior se hayan identificado las claves auténticas que lo miden y definen. Un científico cuya ciencia a pocos les interesa. Un poeta cuyos versos se convierten, por obra de los otros, en un ejercicio doméstico, cuando en realidad contienen la base esencial de su teoría de la vida, el hombre, la sociedad y el cosmos.

Por ello Domingo Felipe es materialmente desconocido como poeta. Para muchos es un pasatiempo o un escape a la apretada agenda de conferencias, foros, seminarios, y exposiciones a los que ha dedicado mucha parte de su tiempo. Cuando aparece uno de sus libros de poesía, se reúnen los amigos a festejarlo. Pocos se atreven a abrir sus verdaderas compuertas para dejar salir todo lo que allí se genera. Pero su obra es una sola. Y su contenido es un clamor permanente por la justicia, la igualdad, la redistribución, la producción natural de una riqueza que pertenece por igual a todos. Una invocación a la alegría que aún no conocemos.

VIVIR RICO EN NUTRIENTES POÉTICOS

Y en este cumpleaños 84, de un vivir rico en nutrientes poéticos, vasto en producciones científicas, en aportes al estudio de estos tiempos, en avanzadas hacia el porvenir, lo celebramos y festejamos, una vez más, desde el Centro de Estudios al cual está adscrito desde la década de los setenta, y la Cátedra de la cual es miembro fundador y profesor permanente.

Y en ese marco, tenemos la alegría de decirle que hemos acodado otorgarle la más alta distinción que hacemos, la de MAESTRO FLORICULTOR, por estar en el camino de quienes dejan huella perdurable, combate por la trascendencia e ilusión de porvenir.

POESÍA PARA ECHAR CORRER
LA MAQUINARIA DEL MUNDO

Esta celebración coincide con la aparición de uno de sus nuevos libros de poemas. Y no puede ser ni gratuita ni casual, esa coincidencia. El Maestro Maza Zavala quiere poner de relieve con ello, en estos tiempos sombríos a los que nos hemos acostumbrado, que la poesía es indispensable para echar a correr la maquinaria del mundo, el artificio de la vida, en dirección a rescatar nuestra preterida humana condición.

Quizás este testimonio sencillo, breve, en medio del estruendo de palabras inútiles, de una confrontación que sólo lleva en su interior, el anuncio de nuevas tragedias, tiene un significado de extraordinaria importancia. Nos devuelve a los orígenes, nos sitúa en el centro de lo que somos, nos convoca a la batalla por la vida que todo hombre debe dar, para que no nos arrebaten la espiral sin fin que nos pertenece por derecho y por esencia.

Vale la pena volver a sus obras, releer sus escritos, detenerse en sus versos. Tal vez allí esté un mensaje contundente, una expresión no escuchada, que nos devuelva a la verdadera y autentica militancia en la vida. A las fronteras de un horizonte que no concluya. En nombre de aquellos hombres que ‘doblaron sus perfiles / en el espejo de la risa sumergida, / en el fresco llanto de la rosa, / en el cauce seco que maldice el sediento, / (y que) multiplicando el rostro de los nombres / hallaron su propia imagen invertida.’[5]

HACIA LA QUINTA ESTACIÓN
DE CAUCES AURORADOS

Hacia esa quinta estación enfilan sus ansias los días del hombre. Hacia el andén de una vida que hoy guardan en secreto los bosques, en murmullo de un tiempo de cauces aurorados y enamorados infinitos.

mery sananes


[1] DFMZ, “Tres instancias”, Quinta Estación. Caracas, MonteAvila, 2006, 116 p.
[2] Idem.
[3] Ibídem, “Arbol”
[4] Agustín Blanco Muñoz. Caracas, CPT/CEHA/UCV, 1986. Col. Testimonios Violentos No. 9.
[5] Ibídem, “Estos hombres”

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