lunes, 12 de octubre de 2026

MANIFIESTO DE LOS NO DESCUBIERTOS




                              Manifiesto de los 
                             No Descubiertos 

34 años después


¡NADIE DESCUBRE A NADIE!

Este Manifiesto fue escrito en 1992, cuando el mundo celebraba lo que se ha llamado el “Descubrimiento de América,  Encuentro entre Dos Mundos. Día de la Hispanidad”. Posteriormente el régimen vigente habló de ‘Día de la Resistencia Indígena’.

Y ante estas maneras tradicionales de mantener los viejos y gastados señalamientos impuestos por los invasores, levantamos la voz disidente para manifestar que no aceptamos la condición de Descubiertos ni Encontrados ni nada parecido.

En el orden histórico  No hay sociedades cubiertas ni descubiertas. Sólo hay sociedades. Y Nadie descubre a Nadie.

¿Y QUIÉN DESCUBRIÓ A EUROPA O A ASIA?

Imposible admitir la tesis de que América es el único continente descubierto en la historia de la humanidad. ¿Quién descubrió a Europa, Africa o a Asia? ¿Quién descubrió a España?

¿Y es acaso posible cambiar el supuesto descubierto por encontrado?  ¿Cómo es eso de que somos hispanos, derivados  del invasor hispano?

¿Y cómo es eso de que se tome la manifestación de ‘resistencia indígena’ por encima del proceso total que es la invasión violenta y destructora? Lo fundamental es la existencia de una acción invasora a la que hace frente el hombre originario, tal y como recoge la tesis de los No Descubiertos, cuyas ideas madres se recogen en El Manifiesto de los No Descubiertos.

SENTIDO Y CONTENIDO DISIDENTE
DE LOS NO DESCUBIERTOS

Este Movimiento data de los años iniciales de la década de los ochenta y  sus ideas se fueron forjando en el proceso de investigación que iniciamos en  la década de los sesenta. Se constituyó de este modo  la señal de la Disidencia capaz de enfrentar la historia impuesta, narrada, recogida e interpretada desde el punto de vista del invasor de entonces y  de ahora.

Y no se  se trata sólo de un movimiento historiográfico cuya sede se encuentra en los Archivos de Indias. Es una expresión abierta y directa de Historia Actual. Es la expresión de una conciencia y una condición distintas para comprender el proceso impuesto a este subcontinente, que al ser supuestamente ‘descubierto’ se le impuso una condición de inferioridad que aún conserva y utiliza como instrumento de dominación.

HACIA UN DESLINDE NECESARIO

Ser No Descubiertos quiere decir entonces marcar un deslinde con la historia de los otros para los otros, y el reclamo de la organización y la conciencia necesarias para construir una  historia que rompa con los binomios descubridor-descubierto, civilizador-bárbaro, colonizador-colonizado, republicanizador-republicanizado, tirano-tiranizado-democratizador-democratizado, desarrollado-subdesarrollado, revolucionario-revolucionado.

El mismo esquema que impone una historia regida por seres superiores aquí se abrogan la capacidad de decidir la vida de millones de seres humanos que conservan, 520 años después, las mismas condiciones de sobrevivencia, atropello y dolor, carencias y vicisitudes.

No se trata de un movimiento indigenista o algo parecido. No distinguimos en las luchas necesarias e indispensables entre ninguna forma de vida. Somos subyugadores o subyugados. Sepultureros o sepultados. Asesinos, agentes de asesinos o asesinados. Negociadores o negociados. Represores o reprimidos.Y ese es el único y  necesario deslinde.

VIVIMOS LA ERA DE MAYOR DOMESTICACIÓN QUE
CONOZCA ESTE EXPAÍS

Este Manifiesto tiene plena vigencia hoy en este expaís del 2026. Y ojalá sirva para convocar a la conciencia y organización necesarias para el combate  pacífico, con ideas nuevas, ciencia y política nuevas, que son indispensables para detener la actual estructura que se autodenomina revolucionaria, que ha impuesto la mayor domesticación que conozca este expaís.

Hace 34 años este Manifiesto fue nuestro grito de inconformidad y punto de confrontación con la historia impuesta. Hoy seguimos en esta posición. En aquellas horas y en el lapso que va desde el 12 de Octubre de 1991 a la misma fecha del 92, se sumaron a esta acción  voces creadoras encabezadas por Luis Mariano Rivera con su grupo Canchunchú Florido, Guillermo de León Calles con su poesía de entrega y desafío, Otilio Galindo con su Son de los No Descubiertos.

EN EL AULA MAGNA EN 1992
TOMÓ VUELO EL SON DE LOS NO DESCUBIERTOS

En el Aula Magna de la UCV aquel 12 de Octubre de 1992  abrió vuelo ese son de los otros, de los que no admiten ser  descubiertos. Retumbó la voz oscura y compromiso de César Liendo.

PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL DE LOS ND

El Primer Congreso Continental de los No Descubiertos fue instalado en la Universidad del Zulia el 05 de Octubre de 1992, con participación de ponentes nacionales e internacionales. La lección inaugural estuvo a cargo de Agustín Blanco Muñoz. El evento se desarrollo hasta el 11/10/92.

QUINIENTOS AÑOS DESPUÉS... AÚN LA VIDA!

El 12 de Octubre la actividad continuó en Caracas con la Marcha de los No Descubiertos desde la UCV hasta el centro y luego con la presentación en el Aula Magna del audiovisual en vivo titulado: Quinientos Años Después… Aún La Vida!!!

En este acto participaron Guillermo de León Calles, César Liendo, Rafael Lemus, Julieta Seijas, Gregorio Yépez, Nino Herrera, Hanoi, Yadira Pirela, Grupos Chochón, José Flores,  ‘Patria Buena’, Geea, La Playa.

EL LIBRO DE LOS NO DESCUBIERTOS
PRESENTACIÓN A CARGO DE LUIS MARIANO RIVERA

Allí se presentó El Libro de los No Descubiertos que recogió una buena parte de las ponencias presentadas en las sucesivas Reuniones Preparatorias a este Congreso, desarrolladas desde 1987 a 1992.

PRIMER CONGRESO CONTINENTAL DEL
PENSAMIENTO DE LOS ND

El Primer Congreso Continental del Pensamiento de los No Descubiertos se instala y desarrolla en Ciudad Bolívar el 24 de Noviembre de 1992 y se clausura en la UCV el 30 de Noviembre de 1992.

VEINTIUN AÑOS DESPUÉS LA CONVOCATORIA ES LA MISMA

Veinte años después todos estos materiales tienen plena vigencia. Y el Movimiento de los No Descubiertos se constituye en la disidencia necesaria en esta hora en la cual este expaís, este continente y este planeta, está en manos de los descubridores y los domesticadores, los represores y los invasores.

VAYAMOS HACIA UNA HISTORIA
SIN DESCUBRIDORES NI OPRESORES

Indispensable, como lo dijimos entonces, convocar a un nuevo pensamiento, a un nuevo lenguaje, nunca más,por ejemplo, indio o indígena para dirigirse al originario. A una ciencia y un arte nuevo, como pedía Pio Tamayo, capaz de aprehender esta confusa, oscura y compleja realidad en la que se encuentra este mundo, y comenzar creadoramente a buscar salidas, respuestas, acciones colectivas conscientes y organizadas, profundamente pacíficas, hasta alcanzar un estadio en el cual sea la vida la que se exprese y no la muerte, en el quehacer histórico y en la propia y porvenir de cada individuo.

A eso hemos llamado y seguiremos llamando desde nuestros espacios de Embusterías, Historia Actual, la Cátedra Pío Tamayo, la Red Internacional del Colectivo, el Blog de los No Descubiertos.



12 de octubre del 2026.


EL MANIFIESTO DE LOS NO DESCUBIERTOS
1992



SON DE LOS NO DESCUBIERTOS
LETRA: OTILIO GALÍNDEZ
INTERPRETA: CÉSAR LIENDO



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lunes, 5 de octubre de 2026

CARTA A PÍO TAMAYO EL FLORICULTOR DE HAZAÑAS


CARTA A PÍO TAMAYO EL FLORICULTOR DE HAZAÑAS



Pío Tamayo visto por Antonio Cabezas


CARTA A PÍO TAMAYO
EL FLORICULTOR DE HAZANAS
mery sananes
05 de octubre de 1983


Esta carta a Pío Tamayo fue escrita el 05 de octubre de 1983, al instalarse la Cátedra Pío Tamayo de la UCV. Cuarenta y uno años después, sigue siendo nuestro homenaje al Floricultor de Hazañas. Entonces como ahora queríamos romper el cerco de silencio que se ha dispuesto sobre una vida y un pensamiento que están por rescatar en un tiempo cercado de pasado.

Hoy, a 126 años de su nacimiento, 89 de su muerte y 41 de la Cátedra Pío Tamayo de la UCV, la volvemos a publicar, como todos los años. La tiranía sólo ha cambiado de nombre. La muerte sigue suelta por territorios de penuria y dolor. La libertad y la justicia no son más que esqueletos vacíos. Y es esencial conocer a este joven tocuyano que, armado con su idealidad avanzada, y en medio de una tiranía que no le perdonó ni su actividad política, ni su pensamiento porvenirista, supo sembrar en este continente infinitas semillas que aún aguardan por germinar.





EL MUNDO UNA INMENSA SEPULTURA

Pío

Es como si el mundo se hubiese convertido en una inmensa sepultura. En un oscuro calabozo. Y los hombres hubiesen olvidado que más allá de los muros amanece cada día renovada la vida. Que más allá de los ruidos, la naturaleza desgrana su concierto de hojas y alas. Que más allá del horror están los sueños. Y más allá de la quietud el corazón aguarda el territorio exacto en el que habrá de desplegar su oficio aventurero y peregrino.

Es como si el tiempo sólo hubiese servido para cambiar de traje a los tiranos, de nombre a los carceleros, de rostro a la opresión. El gallardete de la muerte que se quiso aferrar a tu nostalgia viajera, a tu nave de arcones piratas, a tu melancolía colmada de infinitos, se enseñoreó sobre esta tierra, sin que le hubiesen dado batalla. Ya lo habías intuido desde tu combate solitario y desigual. Y lo habías advertido para que se redoblara la pasión libertaria, la aspiración justiciera.

Pero adivinaste, más que la fortaleza del enemigo, la fragilidad de quienes lo adversaban, y pudiste prever el porvenir inmediato en el cual se acordarían los bandos opuestos y se reconciliarían las ideas en pugna. Por eso, Pío, sé que hoy no sentirías asombro alguno, porque vi muchas veces posarse en tus ojos, como pena de aguacero, la certeza de que los hombres no habían aprendido aún tu canción de guitarra y amapola.

DESDE LA VOZ OSCURA DE ESTOS TIEMPOS INVOCAMOS LAS CUATRO ROSAS DE TU PECHO

Es como si se hubiese enterrado la esperanza. Y por eso, Pío, hoy he venido a buscarte una vez más, porque necesito las cuatro rosas de tu pecho, la banderola de tu amor, y tu palabra de tallo de maguey, para hacerme viajero de la noche hasta la mañana aurorada en que te encuentre de pie, celebrando la victoria.

Por eso te escribo hoy con la voz oscura de estos tiempos, pero con la dúlcima alegría de haberte conocido, de haberme detenido en tu tristeza, en tu pasión, en tus inmensas ganas de vivir. Y querer prolongarlas, multiplicadas en la vida que otros te inventarán, en la que repartiremos el saco de confetis de tus besos, las canciones que el sol dibujó sobre los ríos claros de tus años y los amaneceres que me construí moldeados desde tu puro corazón.

PÍO NUNCA DEJÓ DE ENVIAR SUS SEÑALES DE PORVENIR

Pero ¿cuál carta habré de escribirte primero? ¿Cuál he de contestar? ¿La que me escribiste en día de tu partida, cuando recorriste los campos de tu tierra, los azahares de tu huerto, los muros de la vieja casona, el abrazo de la madre, los muebles de tu cuarto, para emprender la aventura de ser un hombre a la medida de tu corazón? ¿O las que me escribías, apoyado en el viejo piano del ‘Júpiter’ mientras soñabas a ritmo de brisa y colibrí? ¿O aquellas en que las letras saltaban al compás de las piedras del camino, mientras conducías camiones relucientes de polvo y metal? ¿O aquellas misivas pequeñitas, escritas a las orillas de los libros que devorabas en la biblioteca de Don Bartolomé?

Recuerdo las que enviaste desde la flor de la caña y la miel de su tallo, donde te colmaste de toda la dulzura que después te fuiste a repartir a manos lenas. ¿Contestaré a aquellos primeros versos en los que amoroso dibujaste versos de azúcar y confituras de amor? ¿O, Pío, a los primeros sonrojos de tu corazón enardecido de justicia, desbordante de libertad? Llevo grabada la dimensión del sueño, la decisión del combate, la convicción honda de que la vida triunfará sobre los tiranos. Y tengo envuelta entre hojas de membrillo y azahares tu mirada limpia, de lluvia y manantial, derramada sobre los tiempos, como una canción que no ha sonado todavía.

Son tantas las cartas. Pío, que es como si hubiesen llegado todas juntas. Como si de pronto una mágica y milagrosa solución hubiese mojado los papeles haciendo aparecer por doquier el trazado nervioso de tus letras. Cartas que me sabía de memoria porque cada noche me las recitaba la brisa. Cartas que algún menguante dejaba en silencio hasta la próxima creciente. Y cartas nuevas, venidas de todos los sitios donde sé que estás, repartiendo besos de caramelo y la rosa de los vientos de tu amor iluminado. Cartas que suenan a espigas que crecen, a zumo de caña que se destila, a vertiente de agua clara.

Y NO HEMOS DEJADO DE IR AL ENCUENTRO DE SUS RECADOS FLORICULTORES

¿Cuál habré de contestar primero? ¿A las muchas que me escribiste desde cada puerto al que arribaste, cada casa amiga donde fuiste a hacer posada? ¿Desde cada bajel que te llevaba de nuevo, sin rumbo fijo, buscando conjurar los males, dejando la simiente siempre renovada de tu dulzura? ¿O aquellas en que hacías profesión de fe militante, en que entregabas tu pecho, como rosa abierta a los disparos del enemigo? ¿A las del poeta enamorado de todos los amaneceres de la vida? ¿A las del hijo que se detuvo en las embusterías de la madre para inventar viajes nunca antes imaginados? ¿A las del hermano amoroso, las del amigo oferente y solidario? ¿O, Pío, aquellas desgarradas, terribles en que fuiste diseñando la medida de la muerte que otros quisieron entregarte, sin saber que no podrían destruir jamás la canción que salía inmenso de tu corazón?

Ocurre Pío que también mis cartas han ido al encuentro de las tuyas. Y hasta he tomado prestado cartas y versos y palabras que he recogido para enviártelas prendidas de un anochecer, o adheridas a las grietas de los muros, para colarme hasta tus sitios con el olor de los campos. Cuántas no te he escrito, Pío. Cuántos mensajeros no he tenido para hacerte llegar señales de almíbar y cantos de guerra que sostuvieran tu vigilia, acompañaran tus horas. Cuántas veces, Pío, no me doblé hasta los pliegues de los ojos de la madre para junto con ella llevarte o mi modo de quererte y detenerme sobre las neuralgias que se asentaban en tu frente, esparciendo una canción de cuna para tus aventuras.

Cartas arrugadas y dobladas muchas veces para burlar la vigilancia y las requisas. Papeles mágicos y encantados que la alquimia transmutaba en un hermoso mapa de paisajes. Cartas que el fuego enemigo quiso volver cenizas y que convirtió en antorchas. Cartas de amor sin carceleros. Cartas que no fueron leídas ni escuchadas pero que anduvieron en el correaje del tiempo, tocando a tu puerta y a la mía, asomadas en las risas de los niños, en los ojos de la madre, en la melancolía de la novia, en la convicción del combatiente, a orillas de todos los sueños.

BUSCABA UNA TROCHA QUE CONDUJERA AL CENTRO MISMO DE LA TIRANÍA

¿Sabes? Estuve entre los manifestantes reprimidos de Panamá y entre los rostros de los hombres de pueblo que recorriste, enastada en el pecho la banderola roja de tu amor. Contigo navegué el Mar de Dairén hice travesía por todos los puertos, con tu inquietud de poema comenzado. Te acompañé a las reuniones clandestinas, en las detenciones y las salidas apresuradas. Hice de aprendiz de tipógrafo y me anduve entre los inmensos rodillos que fabricaban los diarios, adherida a tus crónicas, tus reportajes, tu verso submarino y musical. Y contigo me fui hasta las fronteras, buscando una trocha, un piquete, que condujera al centro mismo de la tiranía.

Estuve en tus botas claveteadas de agricultor e hice mi aprendizaje de la vida en las hazañas de las que fuiste floricultor. Estuve mientras se cuajaba el maduro verdor de las sementeras en sazón, entre cañamelares y maizales, haciendo camino de arado, señal de azada sobre la tierra. Estuve en el agua del arroyo que bebió el campesino con sus manos y entre los versos primeros que manaron del Tonel de Diógenes. Estuve junto a ti cuando escuchaste, venida de la cresta del monte, resonar la melodía de la vida que hizo morada en la cima volcánica de tu corazón. Estuve entre los primeros libros socialistas, en las discusiones en las que tu emoción fue dibujando una historia del hombre distinta. Y estuve en tu convicción revolucionaria, en tu certeza de que la decisión significaba una entrega abierta y sin reveses. Y estuve en la alegría que siempre acompaño tu combate.

Y LA TIRANIA QUISO DERRIBAR TU FORTALEZA DE COMBATIENTE POR LA VIDA

Estuve en las mismas alas del avión de Lindbergh. Y si no estuve en el cortejo de la Reina Beatriz I, sí estuve Pío en el silencio emocionado que recogió tu verso de indio tocuyo. Y estaba a tu lado cuando te prendieron y te llevaron y te encerraron. Estaba aLlí entre los estudiantes, en el castillo, recibiendo tus clases diarias, tus charlas al anochecer, tu lección de idealidad avanzada, haciendo de clavo y soporte para el paño rojo de tu carpa. Y cuando te dejaron solo, me oculté entre las telas desgastas del viejo catre, para acompañar el ritmo de tu tos. Y estuve en el espasmo de tu respiración. Y me escondí en las ampolletas con las que dabas la batalla a las fiebres y las infecciones. Y ¡ay! Pío me aferré a la repisa aquella que se llevaron los verdugos y entre las cenizas eché a correr la pena de no ser fragua y vendaval. Estuve en el Toque de Animas de Alcides. Y me ovillé entre los grillos queriendo hacerlos más livianos.

Estuve sentada a la mesa de tus afectos los 24 de diciembre y nunca llegué tarde un año nuevo para ser mensajera de tus bienaventuranzas. Estaba, Pío, entre quienes prolongaron tu vida con el afecto que te derramaron. Junto a ti, en el banco del parque, donde salías a enviar recados de rocío. En el barrio Namur, bajo un candil que se agigantaba para no dejar apagar tu rumor. Candil que la muerte quiso secar que sólo pudo convertir en fogata. Y estoy, Pío, entre quienes hoy seguimos prolongando por siempre y para siempre tu claro sentido de la vida, tus sueños hechos a la medida del hombre, tus besos de caramelo y tus versos de cañamor.

Y SEGUIMOS HURGANDO EN ESOS SIGNOS CLANDESTINOS QUE SÓLO SABE DESCIFRAR EL CORAZÓN

Prendida estuve entre las cuerdas de tu garganta para sostener la voz rota en la que resonaban aún melodías maravillosas. En la delgadez de tus manos de sembrador y artesano. En el paso rápido de la madre que convirtió tus quebrantos en suspiros de brisa. Debajo de los almohadones que la ligereza de tu cuerpo apenas doblaba. Y estuve de pie entre tus risas primeras, en el gesto que regalaste a la novia y en el amor que ella te entregó como un estandarte que habrías de llevar a donde fueras. Estuve entre las ventanas abiertas por donde te asomaste al mundo. En el ruido de las multitudes, en tu tristeza y en tu esperanza. Signos clandestinos que sólo el corazón sabe descifrar.

Estuve, Pío, en los rayos del sol que se hicieron arcoiris para siempre en la cuenca de tus ojos. En las guirnaldas de flores que trenzó el amor de los campesinos. En la tierra que se hizo surco, nunca sepultura. En el largo llorar de la madre y en el lago vivo que nunca se hubo de colmar. Estoy en el futuro y en el camino que recorres. En la sonrisa con la que venciste el dolor. En la caricia, Pío, de balada. En los horizontes que no se cuajan jamás. En tus deseos infinitos de vivir. En los pechos que contienen tu idealidad avanzada, que habrán de abrirse en macetas de rosas.

ANTE LOS SEPULTUREROS DE TODOS LOS TIEMPOS REQUERIMOS COMO NUNCA SU ESCUELA DE IDEALIDAD AVANZADA

Y por todo eso vine hoy a escribirte, Pío, he venido a buscarte. Porque si otros tal vez quieren ejercer de sepultureros, yo indico los surcos por donde has de crecer una y otra vez. Los sitios en los que estás, altivo e rostro, oferente tus manos, dúlcima tu mirada. Los campos de batalla en los que están junto a los fusiles que disparan y junto a los que tus manos recogen para que sólo sirvan para construir la vida, que no la muerte. En las cárceles y las mazmorras donde tu presencia es arroyo claro y flor de caña. En los campos llenos de sol en los que eres espiga y colmena. En los espacios abiertos, iluminados de luna, en los que eres el amante para los hijos que habrán de nacer, para edificar la vida inmensa. Yo doy tus señas, Pío, para que otros como yo vayan a tu encuentro. Que necesitamos como nunca tu afán aventurero, tu templanza de indio tocuyo y tu dulzura de confitura de merey, para irrumpir en la oscuridad con los hilos de fósforo de tus días de yunque y fogata.

mery sananes
05 de octubre de 1983
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